domingo, 29 de noviembre de 2015

Palabras




Todo lo que de mí sale se expresa con la mirada, con gestos y sonidos, pero nada más.
Mi mente es un hervidero de ideas y todas ansían salir y ser expresadas… a pesar de ser imposible para mí.
Cada día me digo que debo salir de casa, disfrutar de mis otros sentidos, pero tan solo voy del trabajo a casa y de casa al trabajo. Raúl siempre intenta que quede con él, que salgamos a tomar algo, pero rehusar su ofrecimiento se ha convertido en una rutina: él alza el rostro, me mira, me sonríe y hace ese típico gesto de “vamos”, pero mi respuesta es la misma cada vez, negativa. Ante ella, él se encoge de hombros y no insiste, al menos ya no lo hace.
No me gusta sentirme impedida.
No quiero que me pregunten algo y no poder pronunciar una sola sílaba… bueno, eso lo puedo conseguir, aunque el resultado es bochornoso.
La operación fue bien en su momento y la recuperación también, no obstante… la secuela fue inevitable. Sin voz. ¿Y ahora qué? He hablado toda mi vida, y ¡tengo treinta y dos años! Es injusto.
—¿Otra vez compadeciéndote? —La voz de Raúl me sobresalta y le miro con el ceño fruncido para luego levantar los hombros—. Ana, tienes que salir. Por favor, que esto no es el fin de tu vida. ¿Y si vamos solos? Tú y yo en algún local tranquilo; prometo no llamar al grupo, ni hacerte ninguna encerrona —añade al ver mi expresión. Raúl me entiende como nadie, por eso me siento más cómoda con él.
Pienso su propuesta. Si estamos solos no tendré que hacer que ande dando explicaciones, ni traduciendo mis escasos gestos o palabras del lenguaje de signos, ese que “hemos” aprendido, aunque yo los use poco y acabe escribiendo todo o yéndome.
Asiento.
Sus ojos se abren mucho.
—¿En serio? ¿De verdad? —La alegría es notable en su tono—. Te prometo que no te arrepentirás. —Solo con eso ya hace que crea acertada mi elección.
Agarro un papel y dejo salir lo que siento:
“Sé que no lo haré. Tú me comprendes mejor que nadie”.
***
El texto que aparece me saca una sonrisa aún mayor.
—No te quepa duda. A las diez voy a buscarte. Te quiero arreglada y lista… —La veo fruncir el ceño—. Porque sí. Para un día que te convenzo no pretenderás salir del trabajo e ir tal cual, ¿no?
Me deleita con un gesto entre la conformidad y el pasotismo y gesticula un “como quieras”.
—Exacto. Yo decido. A las diez, ni un minuto más ni uno menos.
Me echa con un movimiento de la mano a lo que yo respondo con un vago saludo militar y me marcho sabiéndome victorioso… por ahora.

Diez en punto.
Tras quince minutos sentado en el coche haciendo tiempo, al fin es la hora.
—Estés lista o no, hoy no te me escapas.
Desde que la conocí solo he deseado estar con ella. Ana me cautivó a los veintiséis años, en el inicio de nuestras carreras administrativas. Hemos sido uña y carne… pero eso me hizo entrar de cabeza en la “zona amigos”. Insoportable. Inaudito. No lo aguanto.
Cuando el accidente la obligó a entrar en quirófano y la dejó sin voz, fue realmente doloroso. Verla llorar día sí y día también; saber que nunca volveré a oír su voz, que su risa se haya perdido… Pero para mí todo eso no es impedimento. Sé lo que quiero, y ella no se va a cerrar de nuevo. Hoy sale de ese pozo como que me llamo Raúl Fuentes Iglesias.
Toco el interruptor del telefonillo y pasan unos segundos eternos en los que me dedico a revisar mi ropa. Me he arreglado, aunque no en exceso.
Escucho el descuelgue del auricular.
—Soy yo.
A mi respuesta le sigue el sonido de apertura de la puerta del bloque. Subo los dos pisos que nos separan y en el umbral la hallo. Vestido de cóctel, medias tostadas y tacones. Si fuese un gato estaría ronroneando de puro gusto.
—Estás impresionante. Y el pelo suelto te queda fenomenal; deberías llevarlo así más a menudo.
El rubor tiñe sus mejillas y desecha mi cumplido sin más.
Me invita a pasar y se desliza tranquilamente hacia el salón. La sigo para penetrar en la sala y verla ataviarse con su guardapolvo beige y agarrar el bolso.
—¿Estás lista?
Asiente y vocaliza un “vamos” que no se traduce en sonido alguno y que provoca que la tristeza empañe sus ojos grises.
Trato de obviar el tema, lo dejo correr para que ella no le dé más importancia y evitar que esa pena aumente.
Nada más salir del piso pongo a su disposición al caballero que hay en mí, preparado solo para ella. Le ofrezco mi brazo, el cual ella acepta con media sonrisa; también la ayudo a acomodarse en el asiento y cierro la puerta con galantería.
El trayecto no es largo, pero la necesidad de estar con ella, de mirarla y disfrutar de su aspecto, esa hace que se me haga eterno.
***
Raúl está más nervioso y extraño de lo normal. Pero lo más doloroso para mí no es el hecho de sentirme impedida para expresar lo que pienso, sino el verme diferente, el no ser yo misma, y no ofrecer a los demás, a él, todo lo que soy.

Minutos más tarde ya estamos en el restaurante y acomodados, lo que me invita a relajarme y poder “expresar” lo que necesito, aunque sea a través de mi cuaderno.
Lo saco del bolso y lo sitúo abierto llamando la atención de Raúl sin pretenderlo.
“Estás diferente. ¿Sucede algo? ¿Quieres irte?”
—No. ¿Por qué crees eso? —expresa con los ojos muy abiertos.
Me encojo de hombros a modo de respuesta y echo un vistazo a la carta, una que no hace mucho me conocía como la palma de mi mano, pues solía venir mucho, antes de mi confinamiento autoimpuesto.
—¿Sabes lo que vas a tomar? —pregunta dejando correr la cuestión anterior.
Me ruborizo sin remedio y gesticulo para indicarle el número que he escogido. Él pasa por alto mi vergüenza y llama a la camarera, una pelirroja que ya he visto en alguna otra ocasión y que tiene una voz impresionante.
—Buenas noches. Hoy les atenderé yo, soy Carla. ¿Han elegido ya?
—Sí. Serán son números dieciséis y un veinticuatro para compartir. Y una botella del mejor vino que tengan.
Alzo las cejas interrogante y él, por respuesta, sonríe.
—Te dije que hoy sería especial y que lo pasaríamos bien. Estoy cumpliendo mi palabra. Sé qué vino es el que tienen y también que es tu favorito.
La camarera se marcha con la diversión pintada en el rostro.
El servicio esta noche es excelente, como siempre, y la velada transcurre entre monólogos por parte de Raúl y algún que otro garabato mío en la libreta; frases que no necesito concluir para obtener contestación, pues me entiende bien; sabe, incluso antes que yo, lo que quiero decir.
La noche ha sido de lo más agradable y él ha llevado a cabo su promesa…
—¿Raúl?
La mención de su nombre interrumpe cualquier pensamiento y la paz que tenía ganada.
—Oh, Marisa. Cuánto tiempo. ¿Cómo estás? —saluda él, diría, un tanto incómodo.
—Muy bien, aunque echándote de menos —añade mirándome por encima del hombro con gesto altanero.
—No seas dramática. —Sus palabras están destinadas a quitarle importancia a las de ella, pero no funciona.
—Para nada, no exagero. ¿Quién es ella? —interroga señalándome—. Yo soy Marisa Fernández, ¿y tú?
De manera automática respondo… o lo intento, pues solo un breve gemido escapa de entre mis labios haciéndome sentir la humillación correspondiente. La carcajada de la rubia sobre tacones de quince centímetros es oída en todo el restaurante.
—¿Qué pasa, te ha comido la lengua el gato? —me suelta—. En serio, ¿con esta?, ¿por ella me abandonaste?
Frunzo el ceño, sin poder evitarlo, y la sangre me hierve. Me encantaría soltarle cuatros verdades y largarme, pero solo me levanto… y la mano de Raúl me frena.
—No te vayas. Esto lo arreglo yo.
—¿Qué pasa, que no tiene boca para defenderse ella sola?
Si las palabras de Raúl me habían frenado, las de ella… Niego y me suelto bruscamente de su agarre.
—Ana, espera. No te marches.
Él trata de seguirme pero me giro y pongo las manos al frente, deteniéndole. No quiero que venga, no deseo volver a pasar por esto.
—No pienso dejar que te vayas.
—¿Ana? —suelta la tal Marisa, la que recuerdo como su ex—. Así que estaba en lo cierto, es ella.
Raúl la encara echando humo. Su enfado es monumental, lo sé, lo conozco.
—¡Sí! ¡Es ella!
Sus palabras me dejan sin saber y con la necesidad de alguna otra explicación. Toco su brazo, para llamar su atención. Él se vuelve y me mira.
—Lo siento. Te prometí que no pasaría esto. —El abatimiento en su mirada me hace sentirme como un mal bicho. No puedo estar siempre así, haciéndole daño con mis recriminaciones, aunque no sean pronunciadas en alto.
***
Por favor que no se vaya, que la superficial de Marisa no lo estropee…
—No te marches.
—¿Y tú desde cuándo ruegas nada? ¿Y esta zorrita por qué no se defiende sola?
La chispa del enfado cruza el rostro de Ana y la respuesta de sus labios sale… sin más sonido que el de dos roncos gemidos entrecortados. En cuanto se da cuenta, cierra los ojos con fuerza pero se mantiene ahí.
La furia surca mis venas ante la carcajada de Marisa.
—De modo que es cierto. Lo siento por ti, Raúl, pero has salido perdiendo. Esta muñeca rota jamás te dará lo que yo sí puedo. Lástima. Bueno, me voy. Adiós, muñeca rota.
Su tono me hace explotar.
—¡Basta! Como vuelvas a hablar así de ella… Ana es mucho mejor que tú en todo y aunque nunca tenga la oportunidad de oír de nuevo su melodiosa voz, seguirá siendo la mujer de mi vida.
***
Sus palabras hacen que mis ojos se explayen y mi corazón se desboque. ¿La mujer de su vida?
La rubia nos da la espalda con aires de grandeza y se va por donde vino.
—Ana, perdóname —dice—. Esto no ha salido como quería. No es justo. Y no se te ocurra pensar que eres eso, nunca serás una muñeca rota.
Niego al borde de las lágrimas. Sí que estoy rota. Ya nunca seré la misma.
—No, no. Ana, por favor. —Cierra los ojos y los abre de nuevo dando un paso al frente, buscando mi mirada—. Ana, te amo. Te amo desde el primer momento en que te vi.
Su confesión hace que las primeras lágrimas crucen mi rostro.
Digo que no, reacia a creerle. Las palabras mudas salen de mis labios.
—“¿Y ella? No puedes quererme. ¡Estoy rota!”
No hay sonido, tal vez algún siseo. Nunca más habrá ninguno saliendo de mí.
—No digas eso, jamás.
—“No he dicho nada.”
—No puedes engañarme, a mí no.
Soy incapaz de soportarlo. La necesidad de estar en casa, sola, impera por encima de todo lo demás.
Me doy la vuelta pero su mano se aferra a la mía.
—Te digo que te amo… ¿y te vas?
No puedo responder a eso. No puede amarme. No se merece a alguien como yo. Él tiene demasiada luz y alegría; sin risas… no será feliz.
Las lágrimas recorren mi piel y su mano se aventura a restañarlas, pero rehuyo por miedo a su contacto, a perderme en él y no ser capaz de apartarme. Que me ame es más de lo que nunca soñé. Hace años que somos amigos, años desde que rompió con su novia, a la que ahora conozco, y la verdad es que me alegra que la dejara… pero ¿por mí? Eso no está bien. Él merece mucho más.
Me suelto de su agarre y salgo corriendo, rezando para que no me siga. Ha llegado el momento de cambiar de vida, de aceptar mi nueva condición… y no es aquí, ni junto a él.
***
Tres días, setenta y dos horas y un millar de preguntas. Tiempo de sobra para ir a exigirle que me las responda. Ella no tiene derecho a decidir por mí, y estoy seguro de que eso es justamente lo que pretende.
Sé que no son horas, que las doce y cuarto de la noche no es el mejor momento del día para esto… Da igual. Me niego a seguir esperando.
Por suerte para mí, el portal lo encuentro abierto, de modo que subo los dos pisos y llamo con insistencia. Oigo su tropiezo y sé que en su mente anda maldiciendo por haber vuelto a dejar el paraguas en medio. Pasan unos segundos eternos y pienso que ha usado la mirilla y que no quiere abrir para enfrentarse a mí, pero tengo un as en la manga… bueno, en realidad son las llaves.
Saco el juego que me dejó para casos de emergencia y, en cuanto introduzco la llave en la cerradura, la puerta se abre y la mujer de mis sueños aparece en el umbral con su pijama de raso negro y la bata a juego abierta. Al seguir la inspección hallo su ceño fruncido.
—Estaba claro que no me ibas a abrir, así que… —digo mostrando el llavero.
Por toda respuesta ella se da la vuelta y se introduce en el salón, al cual la sigo decidido a zanjar esto.
—Te he dado tiempo. No quería presionarte, pero es hora de que hablemos.
Me mira con mala cara y luego señala el reloj.
—Ya sé la hora que es, pero no has venido a verme ni has aparecido por el trabajo. —Hago una pausa antes de seguir—. Te mostré lo que siento y creo que no me eres indiferente… ¿o sí?
Sus ojos están serios y no se apartan de los míos. El tiempo se extiende entre ambos y pienso que no va a responder.
***
¿Indiferente? Llevo tres días llorando por temor a perderlo, ¿cómo me va a ser indiferente?
Solo atino a negar.
—Entonces… ¿has pensado en lo que te dije?
Vocalizo un sí que hace que su mirada color miel, esa que ahora está ansiosa y a la espera, me derrita el corazón; en ella hay esperanza… una que no puedo alimentar más.
Me acerco hasta la mesita y cojo el cuaderno y un boli y escribo:
“Lo he pensado y he sufrido. No quiero perderte, pero no puedo darte una vida incompleta. Yo estoy rota, y ya sé que no quieres oírlo… o leerlo, y sin embargo es así. Si no puedes o no quieres volver a verme, lo entenderé. Incluso he pedido traslado en el trabajo, dentro de poco habré salido de tu vida. Te quiero, pero no puedo darte más que mi sincera amistad.”
Cuando acabo, me giro para darle la hoja y veo lágrimas empañando su mirada.
Es por su bien, me repito; estará mejor sin mí… pero…
—No puedes decidir por mí, pero es tarde y sé que hoy no voy a lograr nada. Solo quiero que tengas en cuenta una cosa, que nadie, jamás, te querrá ni te conocerá como yo. Te seguiré esperando, ya tengo experiencia; no tardes demasiado.
Se da media vuelta y se dirige a la puerta; sin embargo, a mitad de camino me mira.
—No —suelta—. Has puesto más límites de los que soy capaz de soportar. —A grandes zancadas atraviesa la estancia y al llegar a mí me agarra por los brazos y enfrenta mi mirada, esa que estaba a punto de ahogarse por el esfuerzo de desechar todo lo que esconde—. No huyas más.
Me atrae, me pega a él a la vez que se apodera de mis labios. Un beso abrasador y exigente que no tardo en devolver. Uno que manda al traste todas mis defensas.
El tiempo discurre en el calor del momento, uno en el que sus manos recorren mi cuerpo con el ansia, el hambre, hambre de mí.
—Dime que me quieres —susurra entre besos—. Dime que no me apartarás —añade—. Deja que yo sea el que decida, el que hable por los dos, aunque solo sea por esta vez. —Se aparta y me mira—. Estuve a tu lado cuando rompiste con Roberto, protegí tu corazón y lo acuné; dejé a Marisa porque me enamoré de ti, lo hice cuando tu voz aún no se había apagado y lo hubiese hecho aunque en aquel entonces no la hubieses tenido. Eres la mujer de mi vida.
Le aparto con suavidad y me dirijo de nuevo al cuaderno.
—Di algo, por favor.
Me agacho junto a la mesa de café y escribo:
“Y tú el hombre de la mía.”


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Ausencia y regreso

Hoy, un año después de haber comenzado de nuevo a trabajar fuera de casa, me siento ante el teclado para ofreceros unas palabras a todos aquellos que cada día me apoyáis. 
Ha sido un año complicado y atareado, con nuevas experiencias y que ha logrado hacerme ver muchas cosas de un modo diferente. 
Nuevos retos, perspectivas, sueños.
Lo bueno que he sacado de esta experiencia es que tengo muy claro lo que quiero, lo que necesito para ser feliz en el ámbito profesional, eso no es otra cosa que escribir, estar en contacto con los lectores. El grupo ARI, al que pertenezco desde su inicio, me ha dado mucho de esto. Son compañeras que están ahí, que estamos y luchamos juntas por hacernos oír en el mundo literario, pues compartimos un mismo sueño: ser leídas, que nuestras obras sean disfrutadas.
La escritura no hace que te enriquezcas en lo que a dinero se refiere, eso solo lo consiguen unos pocos, pero sí en el emocional, y mucho.
Sé que esta vida que elijo debe ser compartida por la labor fuera de casa, no hay otra forma, pero por suerte, hoy por hoy, trabajo en algo que también enriquece mi corazón y mi espíritu cada día: ayudar, ayudar a una señora mayor a que sus mañanas sean más agradables, a que se sienta querida y acompañada. Hacerla sonreír.
Ese trabajo me permite tener las tardes para mí, para esos personajes que en mi mente desarrollan su mundo y le dan vida, y para vosotros, los lectores, los que cada día que pasa me dais más cariño con vuestros comentarios en Facebook y fuera de él.
Como siempre os digo, sin vosotros no somos nada.

GRACIAS.

domingo, 1 de febrero de 2015

Dos proyectos inolvidables

Estas Navidades he tenido el placer y privilegio de llevar a término dos nuevos proyectos de la mano de Encarni Arcoya.

El primero ha sido "7 Deseos como regalo de Navidad".

Sinopsis: Siete amigos. Siete deseos. Siete corazones que verán cumplidos sus anhelos más íntimos. Victoria, Jarel, Sury, Malcolm, Shamira, Noel, Linda... ¿Quién será tu favorito?


 http://www.amazon.es/Deseos-Navidad-Encarni-Arcoya-Alvarez/dp/1505557917/ref=sr_1_4?ie=UTF8&qid=1422799404&sr=8-4&keywords=tamara+bueno


"Once sueños en Navidad" es el otro trabajo que se ha llevado a cabo.
Sinopsis: Despierta, peque. Es hora de que estos once sueños te lleven de viaje a mundos desconocidos. ¿Te lo vas a perder? Realizado por: Petra Dindinger, Natalia Ramos, Tamara Bueno, Freya Asgard, Miren E. Palacios, Haimi Snown, Genny Álvarez, Mar Lamas, Naitora McLine, Encarni Arcoya Álvarez, Javier García


http://www.amazon.es/suenos-Navidad-Encarni-Arcoya-Alvarez/dp/1505358868/ref=sr_1_3?ie=UTF8&qid=1422799404&sr=8-3&keywords=tamara+bueno

Correctora y maquetadora


Hace un año que empezó esta gran aventura para mí y desde entonces he tenido el placer y privilegio de trabajar con muchos compañeros de profesión que han tenido a bien el permitirme colaborar en sus proyectos para pulirlos y que llegue al lector tal y como el lector lo desea: perfecto.

El camino ha sido largo, y sé que aún me queda mucho por aprender, pues esto es un aprendizaje continuo y diario, pero lo hago con gusto. Nunca me imaginé llevando a cabo este trabajo, y ahora no puedo estar sin él. Me llena. 

Genny Álvarez, Dama Beltrán, Martha Molina, Encarni Arcoya, Haimi Snown, Jorge Portela, Petra Dindinger, Almudena Gamonoso, Beca Vieira, María González, entre otr@s son algun@s de es@s maravillos@s escritor@s que me han concedido tal honor.

Espero que con el tiempo seáis muchos más. 

CONTACTO:
https://www.facebook.com/tamara.bueno.357
sandy_03111999@hotmail.com
* Casi siempre mejor primero por facebook.

Conóceme a través de mi biblioteca.

Quizás para conocer un poquito más al corazón de mi imaginación debería presentaros a alguno de mis mejores amigos, esos que me han invitado a seguir a su lado a lo largo de sus páginas deseando saber toda su historia y anhelando que nunca acabasen...


Qué puedo decir, ya sean cazadores oscuros, arcadios o katagarios estos magníficos especimenes masculinos saben como hacerte babear, y si detrás de ellos tenemos a heroínas como Bride capaces de capear cualquier temporal y de hacer que alguien como Vane acabe a sus pies, yo estoy con ellas.









miércoles, 15 de octubre de 2014

Hablamos de Sandra Estevéz Calvar

Hoy vengo a hablaros un poquito de una nueva amiga que visita mi mundo, Sandra Estévez Calvar. 

Sandra nació un trece de septiembre en Porriño–Pontevedra. Se diplomó en Contabilidad y estuvo ejerciendo durante dieciséis años.
          Su andanza por la escritura comenzó en su época de estudiante, cuando escribía novelas de amor y sus compañeras se las rifaban para leerlas, quedando apartada de él durante unos años por motivos de trabajo y maternidad. Ella me cuenta que debido a una traumática experiencia laboral, se zambulló de lleno de nuevo en la escritura, como una alternativa a sentirse viva y útil, realizando así varios cursos de escritura creativa a distancia hasta llevar a término su primer libro.
            Nuestra Sandra es la autora de la novela “Entre el miedo y el amor” publicada en digital en la plataforma de Amazon.

Sinopsis:
Marta era una universitaria con muchos planes para el futuro, alegre, feliz, responsable; hasta que Carlos, un depravado sexual, con un pasado ciertamente oscuro, se cruza en su camino de la peor forma posible. Ella intenta huir y ocultarse, pero en sus entrañas lleva el fruto de aquella desgraciada noche.
Pese al apoyo incondicional de su familia, su vida se convierte en un infierno, y el miedo consigue dominar sus sentimientos, sus actos.
Afortunadamente reaparece Jesús, el primer amor de su vida, transmitiéndole paz y seguridad, demostrándole que sí se puede amar sin condiciones, sin intimidaciones, sin coacciones, de corazón; enseñándole que sí existe el amor verdadero y que es posible alcanzar la felicidad, dejando atrás el pasado y los miedos.
Es una novela inédita, con la cual podremos aprender, visualizar y disfrutar de las distintas fases de un embarazo, con todo tipo de detalles, una historia que contiene escenas altamente eróticas  y una profunda esencia romántica y sobre todo humana. 
Yo no sé vosotros, pero a mí me ha dejado con la miel en los labios y deseando leerla. No me la pienso perder.
          
Booktrailer



También ha participado en el I Concurso de microrrelatos–libro digital “Mis vacaciones Ideales”. En su blog se puede encontrar variedad de reseñas de libros que va leyendo, y relatos propios de índole romántica erótica, otros reivindicativos, tales como: Bailemos un tango, Subiendo de temperatura, Pon un perro en tu vida, El tan deseado indulto, La huida, La última carta, Cuenta la leyenda, Un accidente fortuito, Añoranzas, Hoy quiero confesar, Atrevido, La hora de la metamorfosis, Celebrando la mayoría de edad, Una aventura de lo más erótica, La amante, Volver a sentir, Mi má, qué calor… También cuenta con varios poemas de naturaleza romántica erótica como The wish, Entre un hombre y una mujer, y alguno con carácter reivindicativo como No sufras más.
Ahora mismo está enfrascada en su segunda novela, un thriller policíaco que mezcla romanticismo, suspense y erotismo del que estoy segura que no soy la única en querer saber más.
  Se puede seguir su trabajo de las siguientes maneras:
-          Twitter: @SandraEstevezC
-          Blog: http://sandraestevezcalvar.blogspot.com.es/

Muchas gracias a Sandra por ofrecernos un trocito de sí misma. Espero tener pronto el placer de entrevistarla.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Entrevista a Encarni Arcoya

Hoy os traigo algo muy especial, pues es la primera vez que hago esto, pero inaugurar una nueva parte de mi blog con ella es un honor para mí.
Así que doy la bienvenida a mi querida Encarni Arcoya.

--Es un verdadero placer pasar este momento contigo y disfrutar de este ratito en confidencia jejeje.

Para mí también lo es. Tenerte aquí es todo un privilegio. Bueno, empecemos. Háblame de ti, no como escritora, sino lo que se esconde tras ella.

--Pues soy una mujer tímida, me cuesta mucho abrirme pero cuando lo hago soy muy buena amiga, compañera y todo lo demás. Un poco insegura (mucho jiji) me gusta que, aquello que hago, guste a todos.
--Por lo demás, soy una persona sencilla, algunos dicen que algo seria pero sobre todo me considero muy empática y me gusta ayudar a quien pueda hacerlo.

Me gusta que digas eso, lo he probado de primera mano.
Veamos, ¿qué anhelos hay, qué buscas en tu camino como escritora?

       --Muchos podrían decir que el éxito. Yo solo busco que me lean, que les agraden las historias que creo y que salen de mi interior cobrando vida a través de mis manos.

Eso es hablar con el corazón, querer compartir sin pedir nada, solo el disfrute de los lectores.
Tienes a la venta varias novelas y todas tienen un trocito de ti, de eso estoy segura, pero ¿qué personaje es el que más puedes querer, sea por un motivo u otro? Sé que esta pregunta es complicada, pero también sé que todo escritor ama más a un personaje, ya sea porque es el primero en ser escrito, en salir publicado, o por su forma de ser, o un suceso que viva y que por ello sea muy especial. Cuéntame, Encarni.

       --Realmente es una pregunta muy complicada porque todos ellos son muy queridos para mí. Pero quizás el que guardo más en mi corazón es Gideon, de «Un profesor como Regalo de Navidad» porque fue el primer personaje protagonista que creé para una novela erótica (erótica de verdad).

       He tenido el placer de conocerlo, y es realmente un personaje digno de amar por sus múltiples facetas.
Y chic@s, Encarni nos ha concedido el honor de mostrarnos en primicia la nueva portada de "Un Profesor como regalo de Navidad". Ya disponible en Amazon y en breve con la nueva imagen.


       Hoy estamos aquí por tu último lanzamiento.


       Al fin “En las fauces del Amor” está a la venta, y disponible en Amazon, y se ve su éxito y el que seguirá teniendo, estoy segura, pero me gustaría saber un poquito de lo que esconde la historia. Cómo surgió, dónde y cuándo.

       --Pues la verdad es que surgió hace varios años. En el 2011. Sin embargo no la terminé hasta hace poco debido a un parón que tuve. En cuanto a cómo surgió, la verdad es que solo fue una idea que empezó a germinar en mi mente y, de pronto, tenía la historia.

He de reconocer que la historia original no era exactamente igual, más que nada porque al principio iba a ser un triángulo amoroso entre Draken, Lucien y Gillie pero, de pronto, Lucien tomó el control de todo y fue imposible pensar que Draken pudiera aspirar a ser algo más que amigo.

Mmm, revelaciones de primera mano, pero ese Lucien... Lucien. Solo ese nombre ya evoca magia, no sé qué tendrá ese hombre, pero desde la primera palabra ya te atrapa. Ahora bien, y sé que es ponerte en un compromiso, pero ¿podrías contar algo de él, de su pasado, un pequeño relato que nos haga querer leer más, algo que no desvele nada de la novela pero que nos haga desear sumergirnos en ella?

--Una de las partes que en mi mente se quedó porque en la novela solo hay una pequeña mención sobre ello es la vez que conoció a Gillie. Ellos no se conocieron como pone en la novela, en realidad ya la conocía antes, cuando fue un bebé, y al sentirla, Lucien, ese hombre que cautiva con sus palabras y sus gestos, no tenía palabras para describir lo que su corazón sentía al estar al lado de ese bebé que era la persona a quien estaba predestinado y que, por fin, había llegado.
De siempre ha sido una persona abierta y predispuesta a ayudar, a ponerse delante de cualquiera. Se ha sentido atraído por la familia de Gillie pero nunca había conseguido un vínculo. Hasta que llegó ella.

Sabía yo que ese delicioso hombre escondía algo tras su mirada, jajajaja...
Pasamos a la dama. Gillie. Esta hermosa protagonista llega de forma inesperada por un cambio en su vida, a un pueblo en el que no ha estado en muchos años, uno en el que pasaba momentos en su infancia. Hay algo que nos puedas desvelar de esa infancia, una escena nueva y que nos haga desear conocerla para unirnos a ella en esta apasionante novela.

--Gillie siempre ha sido una persona muy querida por sus padres. Es la típica familia feliz donde ella ha tenido el amor de sus progenitores. Eran conscientes de lo que tenía que ocurrir con ella al final pero eso no hizo que se pusieran a la defensiva. Creo que por eso Gillie es una chica que puede parecerse a cualquiera de ahora.

Conociendo como conozco los entresijos, tras leer tu novela, me sorprende la reacción de los padres y a la vez te llega esa mentalidad.
A ver, salgamos un momento del mundo de tu nueva novela y permíteme una pregunta: si tuvieses que describir ahora mismo un personaje, crear uno nuevo, ¿cómo sería físicamente?, ¿y su mente?

--Uff, esto es complicado, y no porque no me salga, sino porque se me vienen a la mente demasiados queriendo salir. Hay uno en concreto de una nueva novela juvenil que espero vea la luz dentro de poco (cuando la escriba, claro), donde el joven es alto y delgado, de pelo largo (una melena), moreno; ojos negros y un par de cicatrices en el mentón. Tiene un carácter muy ácido y distante. No quiere a nadie ni a nada, viaja solo y va en busca de venganza.

 Vaya, muy intenso. Ahora, tenemos un personaje nuevo, ¿qué nombre le das? Y con ese nombre y ese nuevo personaje, ¿qué clase de historia contarías? Me explico, ¿qué género te da tu musa para esta nueva obra?

       --Su nombre sería Rayland, sería una historia de aventuras y la historia sería más juvenil, de mundos mágicos y fantásticos, donde busca algo en concreto (por desvelar un poco más del personaje anterior).

          Jajaja, siempre dejándome la miel en los labios.
Bien, retomando la novela que hoy venimos a promocionar, si tuviese que escoger una palabra para describirla, ¿cuál sería y por qué?

      --Seductora. El motivo es Lucien. Ese «lobito mío» tiene una forma de ser que cualquiera se enamora de él.

      Estoy totalmente de acuerdo contigo. Más de una noche me ha tenido en vela o sumergida hasta la médula en sueños que... ups, perdón. Sigamos mejor con la entrevista. ¿Qué le dirías a tus lectores respecto a esta novela para que deseen sumergirse en ella?

          --Que la prueben. No se arrepentirán. Es una novela que engancha porque está llena de tiras y aflojas, de personajes que no quieren rendirse al otro pero que al final... No, mejor dejo eso para que la leáis de verdad.

          Jajaja, di que sí.
Ahora una pequeña petición: Nos deleitas con un breve fragmento de “En las fauces del Amor”, uno que nos haga abrir boca.

        "--No sabía si gritarle o golpearle. Lo que estaba claro para Gillie era que ese chico y su sonrisa tenían los minutos contados porque pensaba golpearlo hasta que se la borrara.
—¿Y bien, Caperucita? ¿Vas a casa de tu abuelita? —le preguntó ensanchando su sonrisa.
—Quítate de encima —le ordenó ella sin titubear y mirándolo directamente.
—No hasta que me prometas que no volverás a golpearme.
—Claro... —dijo con ironía—. Tú confía en mí.
—¿Confiar? Creo que ahora mismo solo esperas el momento para pegarme otro puñetazo.
—Para qué perder el tiempo, ¿no? Tú suéltame y te lo doy. Así todos contentos.
La risa hizo desaparecer el silencio y el ambiente tenso que se había instaurado en la zona. La soltó sin oponerse y se levantó de encima apartándose unos metros. Se tapaba la boca con la mano para paliar un poco el sonido mientras con la otra se secaba las lágrimas por reírse tanto.
—¡Qué bien! —exclamó Gillie levantándose del suelo y sacudiéndose el polvo de la capa y de sus pantalones—. ¿Quién eres, el tonto del pueblo? —le preguntó con las manos en jarras. El problema es que eso solo consiguió hacer que se intensificaran las risas de él.
Puso los ojos en blanco y suspiró. Recogió su maleta y se dispuso a seguir su camino sin hacerle caso.
—Oye Caperucita, ¿no te olvidas de algo?
—Yo no soy Caperucita —le replicó volviéndose para encararse con él. Cuando vio lo que tenía en sus manos el rubor hizo que sus mejillas e incluso sus orejas se encendieran y agachara la cabeza."


         Jajajaja... Recuerdo bien ese momento, ains, de verdad que hay que leer esta novela, es maravillosa, y de esas que empiezas y no eres capaz de soltar hasta la palabra fin.
De ese fragmento con el que nos has obsequiado, ¿nos puedes contar algún secreto?

--Jejejeje, de ese fragmento en concreto el único secreto es que, al escribirlo, no podía parar de reír. Es que hasta escuchaba pelear a los dos en mi cabeza y parecía que iba a tener que meterlos en un ring para que discutieran sus problemas y poder avanzar la novela.

          ¡Madre mía! ¡Ahora también los veo yo! Jajajaja...
A ver, me sereno, que aún quedan cosillas por saber, por ejemplo: Encarni Arcoya-Kayla Leiz: ¿Qué se esconde bajo ese pseudónimo?

--Pues el nombre esconde a una de mis personajes, me encantó ese nombre y quise ponérmelo como seudónimo. Leiz fue más una invención.
Y esconder... puff, creo que una mujer más atrevida, más echada hacia delante, seductora con la palabra y con sus historias. Kayla es ese punto ácido de mí, una chica que no se amedrenta.

Pues estoy deseando ver más de esa chica, pues tengo entendido que bajo el seudónimo sale en unos días tu próxima novela, "Rendición" de la mano de Zafiro, y con eso solo puedo decir... ¡¡ENHORABUENA Y MUCHA SUERTE!!


     Ahora bien, que no me quiero dejar en el tintero algo importante. Solo me queda preguntarte por tu sueño. Eres escritora, estoy segura que tus historias son tuyas y que habrá muchas que queden solo para ti, pero cuando escribes y tu mente te dice que esa novela tiene que ver la luz, ¿qué esperas inspirar en los lectores?

        --Espero inspirar sueños. Para mí cada novela que hay, cada serie, cada película es como si fuera un mundo chiquitito que vuela por todo el universo. Si nos olvidamos de ellos, el mundo muere. Por eso quiero inspirar los sueños y anhelos por no olvidar mis libros, porque se hagan especiales.

Te puedo asegurar que lo son, y haber podido pasar este rato contigo para mí ha sido el mejor momento. Solo puedo desearte lo mejor, y esperar que dentro de un tiempo vuelvas por aquí, a Mi Mundo, y no puedas contar nada externo, nada de tus ventas, pues tendré la alegría de verte en cada comercio, cada librería, en el bus siendo abrazada por una lectora que me hará sonreír al acariciar cada página de tus novelas. Con todo mi cariño, deseo que seas la próxima Nora Roberts española.

--Complicado lo veo ahora porque la verdad es que considero que aún me queda mucho para lograr ese éxito que me auguras. Soy consciente de que esta profesión es muy difícil, que hay que escalar mucho, tener muchos contactos y llegar a las personas adecuadas para conseguirlo. Pero sobre todo, hay que encontrar a esos lectores, a esas personas a las que les puedas gustar y que te apoyen. Quizá me falta mucho, quizá ya esté en el camino, no lo sé. Yo siento que todavía me cuesta mucho trabajo todo y, aunque hay días que querría tirar la toalla, sigo adelante. Porque me gusta. Porque quiero. Por ellos, mis historias, mis chicos, mis mundos.
Quiero agradecer a Tamara por dejarme un hueco en este lugar y dejarme abrirme un poco más a sus lectores y los míos para que me conozcan. Es una gran amiga y mejor compañera de letras. Así que, si aún no la habéis leído, ¿¡a qué esperáis!?

Gracias por todo, Encarni. Ya solo me queda desearte lo mejor y decir a los lectores que no dejen de leer "En las fauces del Amor" o cualquiera de tus novelas, pues son maravillosas. Todas disponibles en Amazon.


Historias llenas de fuerza, fantasía y amor.